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Lo que se sabe, es que el hombre, Isidro García, secuestró a la hija de su novia, es decir a su hijastra y se la llevo para abusar de ella física y sexualmente, como Pedro por su casa.

A Isidro la vida le sonreía; una vez harto de intimar con su novia mexicana, decide cambiar de presa y quedarse con la adolescente de 15 años a quien envuelve y traumatiza con suma facilidad, y no pasa nada.

Isidro no tuvo que esforzarse demasiado, cometió sus actos delictivos a la vista de todo el mundo, de tal suerte que hoy, los vecinos que lo vieron llevar una vida de pareja “muy normal” con la víctima, no salen de su asombro.

Isidro García, es un inmigrante originario de Morelos, México, que a diferencia de los millones de inmigrantes que pasan los días trabajando honestamente y esperando que la buena providencia les dé la oportunidad de hacerlo legalmente, hizo lo que quiso con el sistema. El desorden, la injusticia y el absurdo que rigen las leyes migratorias estadounidenses jugaron a favor de este hombre, que usó el sin sentido del sistema para manipular  a su antojo la voluntad de una menor de edad.

Según los cargos presentados en Santa Ana, California Isidro García asaltó sexualmente a la víctima en repetidas ocasiones, tras haberla raptado de la casa de su madre en el 2004; en un comienzo las drogas y el encierro fueron fundamentales, pero con el tiempo, al hábil secuestrador le fue suficiente con la manipulación y el lavado de cerebro. Está claro que no le fue muy difícil dominar a una adolescente que creía haber sido olvidada por su familia y que vivía bajo la amenaza de la deportación.

¿Cuántas personas viven día a día bajo esa amenaza en Estados Unidos? ¿Cuántas injusticias ocurren diariamente gracias a la ineficiencia del sistema migratorio? ¿Cuántos individuos inescrupulosos se aprovechan cotidianamente del miedo y la ignorancia de aquellos que no han podido acceder legalmente a una tarjeta verde? ¿Cuántos se ven obligados a doblegarse y a entregar su fuerza laboral por pagas miserables, debido a su situación migratoria?

El sistema es tan ineficiente que llega a ser ridículo. En Estados Unidos hombres como Mario Hernández sirven en las Fuerzas Armadas durante la guerra de Vietnam, trabajan para el gobierno y votan en las elecciones, sin enterarse de que no son ciudadanos estadounidenses. A este distraído veterano la noticia le cayó como balde de agua fría cuando quiso hacerse de un pasaporte para irse de crucero.

Mientras no se apruebe una reforma migratoria integral, lógica, justa y eficiente que le abra un camino a la ciudadanía a los más de doce millones de inmigrantes que viven y trabajan –honestamente- en este país individuos como Isidro García podrán seguir haciendo de las suyas, burlándose de un sistema inservible y victimizando inocentes, sin que pase nada.

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